“Eso es amor”

He aquí un hombre que espera apoyado en una farola. Lleva la cazadora en una mano, porque hace calor, y una pequeña bolsa de papel, de la zapatería FOSCO, en la otra. Al cabo de un rato una mujer sale de la tienda de MANGO que hay enfrente de la farola del hombre, con otra bolsa de papel de la misma marca. Él le coge la bolsa, de manera que ya tiene dos, la pequeña de la zapatería y la nueva, además de la cazadora, en la mano, y caminan calle abajo. Al llegar a otra tienda, de ZARA, el hombre y la mujer entran juntos, deambulan un rato entre perchas, hasta que la mujer se detiene en una de ellas. Entonces descuelga una chaqueta que ha escudriñado previamente unos 3 minutos, mirando color, textil, forro, talla, y quién sabe qué cosas más, y se dirige a la columna más cercana, donde se encuentra un espejo. Sin mediar palabra, le entrega al hombre su bolso y su chaqueta, para probarse la nueva prenda, y mirarse con aire indeciso. El hombre, con expresión algo aturdida, le hace un gesto con la cabeza: “no”, y se van.

Siguen caminando calle abajo cuando la mujer se detiene ante un escaparate, como presa de un sortilegio, y entra en la tienda, de MASSIMO DUTTI, con el hombre siguiéndola detrás. Pasean de percha en percha, hasta que la mujer vuelve a inspeccionar durante unos 2 minutos y medio una cazadora tipo “trench”. “Es un poco larga”, dice, mientras el hombre, que empieza a adquirir cierto gesto de zombie, se encoje de hombros tratando de no desanimarla, pero tampoco de comprometerse con la compra. Eso significa: “pruébatela”. La mujer se la prueba, pone una mueca desagradable tipo Me-Esperaba-Otra-Cosa, y a través del espejo mira al hombre que, con una mueca parecida pero en una cara mucho más aburrida, dice: “feísima”.

Antes de que pueda darse cuenta, el hombre ha perdido de vista a la mujer, y la encuentra frente a otra chaqueta, de color y forma rotundamente diferentes a la primera, tocándola y observándola fijamente con gesto de máxima concentración. Sin dirigirle la mirada, la mujer le entrega de nuevo sus bultos, para poder probarse la prenda ante el espejo de una columna exactamente igual al de todas las columnas del resto de tiendas. Con cara de satisfacción, y recreándose en lo bien que le sienta, le mira con ojos chispeantes. El hombre, que ahora lleva la bolsa pequeña de FOSCO, la bolsa mediana de MANGO, su cazadora, y la chaqueta y el bolso de ella, consigue devolverle la sonrisa, sabiendo que está refrendando una decisión ya tomada de la que no tiene que sentirse en absoluto responsable. “Te queda muy bien”. Y acto seguido le devuelve a la mujer su bolso y su chaqueta original, lo cual significa, sin que haga falta decirlo, que va-a-Salir-Fuera, porque hace calor y está cansado, y para él es suficiente servicio haber permanecido más de un cuarto de hora en la misma tienda.

Desde una nueva farola enfrente de la puerta, espera durante otros 30 minutos, que es el tiempo en el que ella ha pasado al Modo Probador con algunas otras prendas, y ha salido por fin con la chaqueta, que ya se había probado unas cuatro veces, en la mano, para colocarse en la cola de la caja. Desde la cola ve la calle, y la farola donde el hombre espera, y le hace señas, sacudiendo la Prenda Elegida con las manos, como diciendo “te gusta? a que síiiiiiii?!”, mientras sonríe, y ve al hombre asintiendo con una cabeza que parece pesarle tanto como el aburrimiento dibujado en su cara.

Por fin sale, y hombre y mujer vuelven a caminar calle abajo. Se alejan, él con su cazadora en la mano, además de una bolsa pequeña de FOSCO, otra más grande de MANGO, y una nueva de MASSIMO DUTTI. Con la otra mano rodea el hombro de la mujer y de vez en cuando le da un beso en el pelo, mientras una señora que pasea a su perro mira la escena y dice “eso es amor”.

Madrid, abril 2008

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    demás son cuentos.
  2. leibovitz posted this

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